La estación
Te espero desde hace días
Te espero en un desasosiego amargo
Te espero en mi duelo inesperado
Te espero envuelta de soledad
Y, ahora que estás aquí
quiero contarte que las horas
se cansaron de caminar para nadie;
el pulso de mi reloj enmudeció de pena.
Quiero contarte que mi marquesina
se cansó de hablar para nadie;
sus palabras negras rebotan en el suelo
y se pierden confundidas en el aire.
Quiero contarte que mis raíles
se cansaron de implorar al cielo
unas pocas manos que recorran su cuerpo;
yacen desnudas sobre fríos cantos,
los únicos abrazos que ya no siente nadie.
Quiero contarte que el añil de mi ornamento
se cansó de brillar para nadie;
solo viste a unas paredes pálidas
y calza sus pies de unos pocos bancos huecos.
Y, ahora que estás aquí
Ahora, que inmortalizas mi alma desierta
ahora, que abres la ventana a la luz para recordarme
pienso un deseo: quiero sostenerme en tierra, que no en piedra
para que la huella de los que vinieron y se fueron
perdure en el tiempo en mi memoria.